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La mística de Pichincha
Ubicado en el macrocentro de la ciudad, en la zona donde se erigía la estación ferroviaria Sunchales, luego Rosario Norte, el barrio de Pichincha carga con una estética signada por las “viejas casas de tolerancia”, las que florecieron en pleno boom agropecuario de las primeras décadas del siglo pasado y crecieron a la par de la actividad portuaria y al movimiento continuo de los trenes, tanto de carga como de pasajeros.
Muy cerca del puerto y de los silos que marcaban la constante salida del cereal a distintos lugares del mundo en pleno boom agropecuario, Pichincha tomó esta mística portuaria y la unió a la magia de los ferrocarriles para transformarse, en la década del 30 del siglo pasado, en un lucero nocturno dominado por la mafia polaca de la Zwi Migdal.
Un testigo de época es el que fuera lujoso burdel Madame Safó, en calle Riccheri (en ese tramo hoy volvió a llamarse Pichincha) 68 bis. Actualmente, ese palacio del placer es el Hotel Ideal, reconvertido en hotel alojamiento y declarado patrimonio histórico. Como él, refulgían cada noche el Pedit Trianón o el Moulin Rouge. Al teatro Casino, de Riccheri y Jujuy, por entonces sólo entraban hombres. Pero los tiempos, como la ciudad, cambiaron. Después de languidecer durante décadas, sobre fines del siglo pasado el barrio comenzó a reconvertirse.
Parte de esa historia se rescata en la actualidad de Pichincha, un barrio que en los últimos años se convirtió en centro de la actividad cultural rosarina, lo que se evidencia en una metáfora: la antigua estación es hoy sede de la Secretaría de Cultura municipal.
En Callao y Brown funciona el Centro Artesanal Pichincha, esquina en la que una estatua al capocómico Alberto Olmedo recuerda a un hijo distinguido de la ciudad. De igual manera, otra estatua del popular Negro, en un banco del Parque Norte, invita a sacarse una foto con él.
Otra vez al calor del boom agropecuario (en este siglo, la soja) florecieron restaurantes y bares, y otros lugares de esparcimiento nocturno como peñas, milongas, pubs y rockerías.
Sus ferias, mercados y centros de exposición, al igual que los innumerables locales de venta de antigüedades, le dan vida diurna cada día de la semana. Igualmente, se revive el pasado en las fachadas de viejos edificios, como teatros y cabarets con esplendorosa historia. Época que puede revivirse caminado por sus calles.
