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La aventura de vivir el paraná

Testigo del devenir rosarino, el Paraná cobija los sueños de sus habitantes desde aquella aldea inicial. Y los recibe en masa cada verano, generoso, dispuesto a revelar sus secretos.

Imagen del río, con las islas y puente Rosario Victoria de fondo, al atardecer

Siguen siendo pocos quienes se le animan, pero cada año se van sumando los que se calzan la malla y deciden cruzar el río a nado: alcanzar la otra orilla es tocar un sueño con las puntas de los dedos. El río se deja, lo acaricia el abrazo sólido de los nadadores bajo el sol cuajado en verano.

Los barcos de todas las banderas saludan el intento, hundidos hasta más allá de la línea de flotación, henchidos de la rica carga que, partiendo desde los puertos privados más allá del municipio, se abren camino hacia el estuario y el mar, río abajo.

Nadadores y barcos se divisan desde la arena caliente de las playas, donde la figuras de las míticas bellezas rosarinas no hacen más que confirmar que, la nuestra, es la “patria femenina” por antonomasia.

Una multiplicidad de bares y paradores en las mismas playas son refugio de los que huyen del sol fuertísimo o buscan reparar fuerzas e hidratarse con las distintas alternativas gastronómicas, entre las que destaca el clericó con su tentación de frutas, mientras los pies se hunden voluptuosamente en el dorado de la arena.

Un arco iris de reposeras y sombrillas se multiplica por la costa, entre los clubes y las playas públicas, con el democrático mate pasando de mano en mano, y hacen su aporte de color las velas henchidas por el viento, surcando el agua, casi siempre mansa, en un despliegue de destrezas y habilidades naúticas que son parte indisoluble del paisaje.

Del otro lado, a cinco minutos náuticos, la provincia de Entre Ríos nos prodiga generosamente el verdor y las playas de las islas, donde la auténtica visión comercial de los rosarinos instaló confortables cabañas, paradores y amarras por el puro placer de disfrutar del río con todo.

Imagen del río, con la ciudad de fondo y un velero en primer plano

Y no es casual ver avanzar la figura del enorme “bicho” que es el barco Ciudad de Rosario, moviéndose con paquidérmica elegancia sobre el río de aguas marrones. A bordo, doscientos pasajeros penetran la intimidad de los riachos subsidiarios del Paraná.

Escoltándolo, la motonáutica que tuvo un singular desarrollo en la última década se dejará ver en lanchas, cruceros, gomones, jet ski y toda la parafernalia fluvial que salpica el paisaje.

El Paseo del Caminante, la Estación Fluvial, el Parque de España, son paseos para disfrutar a pie en los románticos atardeceres de la costa.

Pero la magia convocante del río se guarda también un lugar para auspiciar la cultura: así se suceden el Anfiteatro Humberto de Nito, el Patio Cívico del Monumento a la Bandera, las escalinatas del Parque de España y hasta la arena apenas tibia cuando baja el sol sobre la playa, son escenario repetido de presentaciones vinculadas con el arte, entre ellas recitales.

Es así, los rosarinos estamos hechos a la medida de nuestro río. Conocerlo es conocernos.

Puente Rosario - Victoria

Paso clave en la integración bioceánica, el Puente Rosario-Victoria es también un logro ansiado durante décadas. Ahora, que es una realidad, se convirtió en un puntal fundamental para la economía y el transporte, así como para el turismo regional. La conexión vial entre las zonas sur de las provincias de Santa Fe y Entre Ríos posee una extensión de 60 kilómetros, para unir las ciudades mencionadas en un quinto de la distancia que había que recorrer por ruta antes de su construcción.

Consta de un puente principal de 608 metros de largo y 350 metros de altura sobre el nivel del agua del río. La conexión cuenta con otros ocho puentes de un kilómetro promedio de extensión, además de 47 kilómetros de terraplenes en las islas del Alto Delta del Paraná.

La obra le brinda a Rosario el privilegio de ser eje del Mercosur y pone a la ciudad como centro del desarrollo económico regional, ya que a esta construcción se suma la hidrovía. Esta conexión fluvial une a través del Paraná el litoral argentino con Bolivia, Paraguay y Brasil: la cuenca del Río de la Plata.

Una recorrida por el alto delta

El Paraná, que acaricia con sus aguas las costas de la ciudad, ofrece al penetrar las islas entrerrianas – ubicadas justo enfrente de Rosario – un paisaje litoraleño envidiable. Entre ellas, las más cercanas El Espinillo y La Invernada, brindan vistas paradisíacas, postales que no hacen más que embellecer cuando se navega hacia la profundidad de la naturaleza.

El Embudo

Imagen de un balneario sobre el rio

Para muchos navegantes rosarinos es muy común visitar la laguna El Embudo. Este sector, que desde hace varias décadas es una cancha de remo, está ubicado frente al estadio de Rosario Central. A él se ingresa por un estrecho canal de no más de ocho metros de ancho, aunque la boca mide aproximadamente el doble. Esta singular laguna es visitada cada fin de semana por un centenar de embarcaciones particulares, cuyos navegantes aprovechan sus aguas como así también los paradores de diferentes instituciones. Entre ellas, el Círculo de Patrones de Yate de Rosario, que con su singular muelle y espectacular predio es todo un referente en este sector, ahora de uso compartido con el Club de Velas Rosario.

El Yacht Club Rosario ha adquirido recientemente una parcela, en la que sus asociados pueden disfrutar con toda comodidad de una soleada pradera, su sector de parrillas y club house. Más de 120 metros de playa con abundante arena –y un muelle que se pronuncia medio centenar de metros hacia la laguna– hacen de este lugar un parador de inmejorable disfrute para sus asociados.

Paraná Viejo

A la altura del kilómetro 430 del río, en paralelo a la conexión vial Rosario-Victoria y más precisamente junto al Viejo Puntazo, se encuentra el ingreso a este riacho de pintoresca fisonomía, abrigado del viento Pampero con paradores, ranchadas y construcciones particulares. Este hermoso y soleado lugar es un clásico para visitantes y lugareños. Es recomendable navegar con precaución al ingresar, por su escasa profundidad. Además es acertado tomar las márgenes de costa que son navegables, ya que en todo su trayecto la profundidad varía notablemente, aunque esto no impide un recorrido único por un lugar maravilloso.

La Lechiguana

Continuando aguas abajo por el Paraná Viejo se halla a la izquierda la entrada a La Lechiguana, un corredor navegable de apenas veinte metros de ancho. Allí, se alinean diversas viviendas particulares utilizadas como residencia estable de lugareños, aunque también se emplazan casas de fin de semana, además de una escuela provincial.

Un referente del lugar es el tradicional Boliche de Don Taco, un antiguo parador en el que se puede degustar los tradicionales asados isleños, con variedad de pescados, y el infaltable pan casero o pan dulce casero cocinado especialmente por Don Taco en su horno de barro.

La Chilena

Navegando aguas abajo por el mismo riacho, unos 15 o 20 minutos, a una velocidad aproximada de 7 nudos, se encuentra La Chilena. Otro parador isleño, en este caso el fuerte son las exquisitas empanadas de armado, además de minutas y otros pescados a la brasa.

A pocos metros del parador está la comisaría del distrito islas, de singulares características, donde su personal está siempre atento para cualquier tipo de gauchadas, como por ejemplo auxiliar a algunos navegantes ante cualquier avería.

La desembocadura del Paraná Viejo está ubicada a escasos metros aguas abajo, sobre el riacho Los Marinos, a la altura del kilómetro 418, por donde se puede retomar el cauce del río Paraná, justo frente al centro de la ciudad de Rosario.

 

Balnearios con cruces pautados

(sólo con embarcación de cada predio)

Puerto Pirata Te: 155 058 338.

Boya 432,5. Isla frente a Granadero Baigorria.

Isla Deseada. Extremo norte de la Laguna del Embudo en Isla La Invernada. Te: 455 7945.

Popeye. Isla frente a Puente Rosario-Victoria. Te: 155 118 611.

Casa Blanca. Extremo norte de la Laguna del Embudo en Isla La Invernada.

Complejo Biguá Isla la Invernada. Traslados desde el Club Náutico Sportivo Avellaneda, Pedro Tuella 952. Te: 438 0625.

Cabañas junto al Paraná

Cabañas Isla Deseada. Te: 154 688 694.

Complejo El Biguá. Te: 438 0625.

Cabañas Del Francés. Te: 425 0044.

Atractivos del río

Barco Ciudad de Rosario 1

Paseo de dos horas. Av. Belgrano y Rioja. Te: 449 8688. Amarradero frente al Monumento. Fines de semana y feriados.

Embarcadero Costa Alta

Av. Carrasco y Gutiérrez, en la zona norte.

Isla Verde. Camping en el km 429,5 margen izquierda de Isla La Invernada. Salidas diarias, de 10:00 a 19:00. Te: 155 055 675.

Club del Este. Camping en Isla La Invernada, frente a la bajada Puccio. Te: 455 0285. Sábados y domingos, de 10:00 a 18:00.

Embarcadero La Fluvial

Estación Fluvial. Belgrano y Rioja. Te: 4493217.

Vladimir. Playa en el banquito San Andrés. Te: 447 3838. Fines de semana.

Punta Deseada. Playa en el banquito San Andrés. Salidas diarias.

Oasis. Playa en el banquito San Andrés. Con embarcación propia.

Doña Hortencia. Parador típico de las islas en el Pueblo Isla del Charigüé. Embarcación propia o traslados pautados. Te: 437 0927.

Playas públicas sobre la ribera

Balneario La Florida. Te: 453 3491. Todos los días.

Rambla Catalunya I y II. Av. Eudoro Carrasco y Perdriel. Libre acceso.

Camping Municipal (frente al Parque Alem). Todos los días.

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